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Vivi y Seba, el amor que se escribió sin verse: coincidieron mil veces, pero el destino los cruzó cuando estuvieron listos

Estuvieron tantas veces en los mismos lugares, y sin embargo no se veían. Coincidieron en trabajos, compartieron espacios, hasta él llegó a escribir su nombre en una gráfica de televisión... p...

Vivi y Seba, el amor que se escribió sin verse: coincidieron mil veces, pero el destino los cruzó cuando estuvieron listos

Estuvieron tantas veces en los mismos lugares, y sin embargo no se veían. Coincidieron en trabajos, compartieron espacios, hasta él llegó a escribir su nombre en una gráfica de televisión... p...

Estuvieron tantas veces en los mismos lugares, y sin embargo no se veían. Coincidieron en trabajos, compartieron espacios, hasta él llegó a escribir su nombre en una gráfica de televisión... pero nunca se cruzaron. Era como si el destino los hubiera estado escribiendo en paralelo, hasta que un día —casi sin ruido— los juntó.

“Nos conocimos en Bahía Blanca en 2013. Nos teníamos en Facebook, pero no nos conocíamos personalmente. Empezamos a escribirnos y charlar, hasta que un día decidimos que teníamos que vernos. Y desde ese día no nos separamos más”, dice Viviana Álvarez, y su voz todavía guarda la sorpresa de aquel flechazo.

Con Sebastián Vallejos estuvieron apenas cuatro meses de novios antes de irse a vivir juntos. “Y ya pasaron 12 años desde ese momento”, cuenta ella. La historia tiene algo cinematográfico: dos personas que compartieron caminos sin cruzarse, hasta que el tiempo y la vida los pusieron frente a frente.

“Lo curioso es que después descubrimos que todo el tiempo habíamos estado en los mismos lugares, varias veces trabajando solo que en turnos distintos, y nunca nos cruzamos. En el ’99, por ejemplo, trabajé para un programa de TV y los graph de la apertura con mi nombre... ¡los hizo Seba! Pero jamás nos vimos”, dice Vivi entre risas, como quien habla de una broma del destino.

La incertidumbre que trajo certezas

Ambos traían historias previas, hijas e hijos de distintos vínculos. Amparo y Mateo, hijos de Seba; Juli, Simón, Jonás y Alejo, de ella. Lo que vino fue una vida ensamblada con paciencia, amor y muchas pruebas.

Una de esas pruebas llegó con la pandemia, pero empezó antes, con la pérdida de sus trabajos en un medio local. Decidieron reabrir una radio junto a excompañeros, un proyecto hermoso que terminó naufragando cuando se declaró la emergencia sanitaria. “A veces uno tiene fabulosos proyectos con buenísimas intenciones, pero las cosas no salen como uno planea”, reflexiona ella.

Y fue entonces cuando apareció una oportunidad laboral para Seba en Estados Unidos. Y tomaron la decisión: cambiar de país, de idioma, de cultura, de sistema. De vida. “No lo dudamos”, dice Vivi, como si en la incertidumbre hubieran encontrado una certeza.

Él, técnico especializado en equipamiento para radio, TV y streaming, comenzó a trabajar desde Argentina para una empresa estadounidense, hasta que finalmente ambos emprendieron el viaje. Ella, con 46 años, encontró lugar en un canal de deportes en español, primero como productora, luego como cronista. “Más allá de que vivir en Florida facilita las cosas… el idioma, la cultura latina sobre todo… el desafío primordial es emigrar a nuestra edad. Adaptarte a otra cultura, los trámites, seguro social, salud, bancos…”, enumera. Pero lo lograron.

El que más la peleó fue Alejo, el menor de sus hijos. “Ingresó sin nada de inglés en una escuela americana, con compañeros de todas las nacionalidades y un sistema educativo de 8 horas diarias… pero le fue maravillosamente. Terminó graduándose en la Fienberg Fisher de Miami Beach”, dice Vivi, con una mezcla de orgullo y alivio.

Hoy, mientras esperan la resolución del cambio de estatus migratorio, están de vuelta en Bahía Blanca. Y volvieron a una ciudad distinta. Vivi lo explica con claridad: desde su partida, la ciudad fue sacudida por dos tragedias climáticas —el huracán del 16 de diciembre de 2023 y la inundación del 7 de marzo de 2025—.

“Antes de volver muchos nos decían que iba a ser un poco shockeante la Bahía con la que íbamos a encontrarnos después de los desastres. Pero no sé si es porque nos preparamos para ver lo peor, o si es que extrañé la ciudad… pero la veo hermosa. Veo edificios nuevos, modernos, locales comerciales nuevos también… la veo mejor que en 2022 cuando nos fuimos”, dice con un tono sereno.

Y agrega una de esas frases que quedan: “Siempre digo que la real felicidad no siempre es vivir a 100 metros del mar turquesa”.

La decisión de irse no fue simple, pero sí urgente. Vivi lo dice con brutal honestidad: “Yo estudié en Argentina, y en un momento me dije: mi viejo trabajó 40 años y se murió de un infarto porque le sacaron el medidor de gas. ¿Qué me espera a mí? Jubilada con la mínima, monotributista, sin casa. No vislumbro posibilidades de tener una, ni de heredar nada. Voy a terminar con la mínima, sin casa, ganando para los remedios y la comida. ¿Y el alquiler qué?”

Y así, la migración fue también una manera de intentar salvarse. De pagar deudas, de reconstruirse. “Teníamos una radio FM que se quedó sin publicidades en la cuarentena. Un negocio de ropa cerrado meses. Nos quedamos con deudas, incluso con amigos que nos prestaron guita. Y dijimos: ¿cómo generamos dólares para pagar lo que debemos en pesos si con lo que ganamos en Argentina solo podemos alquilar y vivir?”

Esa honestidad —cruda, transparente— convive con otra cara más íntima. Vivi reconoce que en su ciudad natal muchas veces no encontró espacio profesional. “Pagué muy caro mi irreverencia de juventud. Era muy picante cuando era chica. Donde algo no me gustaba, pegaba un portazo y me iba. Cantaba las 40 y me iba. Y claro, para tener un programa en Bahía tenías que salir a buscar publicidad, pagar espacio, vender… Yo no estoy de acuerdo con eso. Me parece que bastardea la profesión y no es digno”.

Lo que queda al final es una historia de amor. Que empezó tarde, pero firme. Que resistió pérdidas, desarraigos, mudanzas y pandemias. Que encontró en la coincidencia una señal.

Porque a veces, el amor es así: dos personas que caminan por las mismas veredas sin verse durante años… hasta que un día, simplemente, se encuentran.

El resumen de Vivi: “Antes de que él apareciera todo era gris”

Vivi suele escribirle a Seba palabras maravillosas en sus redes sociales. Lo explica de este modo: “¿Sabés qué pasa? Seba me cambió la vida. A mí y a mis hijos. A veces pienso en cómo era todo antes de que él apareciera, y lo recuerdo… gris. Él, además de ser nuestro capitán del barco es un líder total en la vida. Y eso hace que todo sea más lindo. Siempre dice: ‘Ya sabemos que esto no es perfecto, pero lo vamos a hacer perfecto nosotros’”, señala.

Y pregunta: “Entonces, ¿cómo no escribirle cosas lindas?; ¿cómo no agradecerle, si nos cambió la vida?”.

“Mi parte es sostenerlo con amor y con gratitud, para que él siga siendo el líder que es para nuestra familia”, concluye Vivi, profundamente agradecida con las vueltas de la vida.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/vivi-y-seba-el-amor-que-se-escribio-sin-verse-coincidieron-mil-veces-pero-el-destino-los-cruzo-nid03072026/

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