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Una visión “a contracorriente”: vuelve a su hogar la Colección Helft, un tesoro del arte argentino

“Esta es una muestra, pero también es una historia”, dice Nicolás Helft mientras recorre las salas de W-galería, sobre la calle Defensa al 1300. Allí no sólo se exhibirá desde el sábado ...

Una visión “a contracorriente”: vuelve a su hogar la Colección Helft, un tesoro del arte argentino

“Esta es una muestra, pero también es una historia”, dice Nicolás Helft mientras recorre las salas de W-galería, sobre la calle Defensa al 1300. Allí no sólo se exhibirá desde el sábado ...

“Esta es una muestra, pero también es una historia”, dice Nicolás Helft mientras recorre las salas de W-galería, sobre la calle Defensa al 1300. Allí no sólo se exhibirá desde el sábado casi un centenar de las más de mil obras que integran la colección formada por sus padres, Jorge y Marion, sino que el edificio que las vuelve a alojar en forma temporaria fue construido especialmente por ellos con ese fin a comienzos de la década de 1990. Lo proyectaron cuando la casa familiar, que quedaba justo enfrente, quedó chica para ese acervo en expansión.

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A pocos metros de allí, en la misma cuadra, la pareja impulsó también la Fundación San Telmo, en una casona de 1834 reciclada por Osvaldo Giesso. Con entrada gratis, entre 1980 y 1993, ese lugar alojó más de mil encuentros culturales y casi un centenar de exposiciones. La primera reunió las piezas gráficas de Antonio Berni, quien celebró sus 75 años con una torta el día de la inauguración. “Él mismo colgó las obras. Era otro país, no existía la infraestructura de hoy”, recuerda Nicolás en referencia al maestro rosarino que moriría al año siguiente, representado en la Colección Helft con más de veinte pinturas, dibujos, grabados y gofrados.

La siguiente fue la de Guillermo Kuitca, que entonces tenía apenas 19 años y ya presentaba el resultado de tres años de trabajo. Para apoyar la producción, Helft le compró cuatro dibujos. Y con otras dos obras de esa muestra vendidas por cinco mil dólares a la Colección Chase, Kuitca pudo viajar por primera vez a Europa. El apoyo se sostuvo en el tiempo, con compras en su primera muestra en una galería en Nueva York, varias en mercado secundario y un rol clave para que la Fundación Antorchas respaldara la primera edición de la Beca Kuitca.

“Estuvo muy cerca mío”, reconoce el artista, ya convertido en uno de los argentinos mejor cotizados en el mercado internacional, en un libro sobre este legado que se presentará el 31 de este mes, cuando se cumpla un año de la muerte de Jorge Helft y ocho meses después de que Marion Eppinger recibiera en nombre de ambos –pese a que se separaron en 1996- el Premio arteba al Coleccionismo.

Pero eso no es todo. A principios de abril se inaugurará el segundo capítulo de esta monumental exposición curada por Jimena Ferreiro en la otra sede porteña de la galería. En el mismo sitio donde funcionó el Centro de Arte y Comunicación (CAyC), impulsado por Jorge Glusberg, se exhibirán 36 obras más conceptuales de artistas como Víctor Grippo, León Ferrari, Edgardo Antonio Vigo, Liliana Porter y Eugenio Dittborn, que protagoniza a su vez en estos días una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes.

“Es interesante el hecho de que la segunda exhibición de la Fundación San Telmo fuera alguien tan ignoto, tan jovencito –señala Ferreiro a LA NACION-, porque eso marcó en parte el ritmo de lo que siguió: una apuesta por las firmas consolidadas y artistas consagrados, unida a una visión audaz de dar lugar a aquello que todavía está en emergencia. Es la manera en la cual la colección pivoteó, al igual que la relación entre arte argentino e internacional”.

Un ejemplo de este equilibrio se ve apenas se ingresa a la muestra: Narciso de Mataderos (1984), la escultura creada por Pablo Suárez que representa a un hombre desnudo mirándose al espejo, se exhibe frente a una edición que perteneció a Andy Warhol de La boîte en Valise (1935-40), de Marcel Duchamp: una caja réplicas en miniatura y reproducciones de sus obras, a modo de museo portátil. “Esta idea viene de la invasión de los nazis, cuando la gente metía todas sus cosas en una valija para irse”, observa Nicolás, descendiente de dos familias –la paterna, de varias generaciones de anticuarios- que tuvieron que huir de Europa y perdieron todo por ese motivo.

La Colección Helft no sólo reunió piezas de este artista que marcó un punto de inflexión en la historia del arte universal –exhibidas en su primera muestra individual en América Latina, con la cual Fundación Proa inauguró en 2008 su nueva sede ampliada en La Boca-, sino también de otros artistas influyentes como Man Ray, Joseph Beuys, Yves Klein, Christo, Yoko Ono y Louise Bourgeois.

“En ausencia de un museo de arte contemporáneo –recuerdan Ferreiro y Ricardo Ocampo, director de la galería- se convirtió en un espacio fundamental de estudio, consulta y exploración para generaciones de jóvenes en formación de los años 90”. También fue visitada por prestigiosos curadores internacionales como Mari Carmen Ramírez, Paulo Herkenhoff y Robert Storr, invitados por Helft a Buenos Aires desde Fundación Antorchas para promover el arte argentino. Se encontraban allí, por ejemplo, con obras de Líbero Badíi, Jorge de la Vega, Alberto Heredia y Juan Carlos Distéfano, entre muchos otros.

“La idea era reunir obras que dialogaran con las argentinas. Eso fue fundamental: queríamos que el arte argentino se integrara al internacional, que estuviera en el mismo plano. No dos colecciones separadas, sino algo orgánico”, observa Marion, quien se ocupó además de coleccionar fotografía local y de darle un lugar en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires durante la gestión de Laura Buccellato.

“Jorge estudiaba más, se preparaba; compraba los libros, los analizaba y luego establecía sus criterios, Estudiaba y repetía –señala esta última en el libro que presentará la galería-. En cambio, Marion tiene una sensibilidad, un ojo especial, tal vez porque se calla más y observa. Jorge se fijaba que valiera lo que tenía que valer, qué proyección podía tener, qué anclaje tenía en la historia, y Marion elegía de acuerdo a si la obra realmente tenía algo que la movilizaba”.

A través de Buccellato, Marion conoció a uno de sus artistas preferidos: Alberto Heredia. Uno de los muchos que frecuentaban los fines de semana la casa de San Telmo. Pero antes de que la familia se mudara en 1988 a este barrio para tener más espacio, ya que en esa época era todavía una zona under con precios muy baratos, tenían impactantes obras suyas y de Distéfano en el living su departamento sobre la Avenida del Libertador.

“A mi padre le gustaba provocar, ir a contracorriente”, opina Nicolás. “Nosotros fuimos como el jamón del sándwich –señala por su parte Marion, en una entrevista con Ernesto Montequin también incluida en el libro-. El coleccionismo anterior era conservador y muy influenciado por París y por Roma. Con los años noventa empezó otra etapa. En el medio, entre los años setenta y los noventa, sólo estábamos nosotros y quizá Marcos Curi, pero él coleccionaba más que nada obras sobre papel. Recuerdo gente que venía a casa y veía, por ejemplo, La telaraña de Distéfano y decía ‘¡Qué divertidos estos jovencitos!’. O El caballero de la máscara, de Heredia, en nuestro departamento de la Avenida Libertador. Miraban la obra, pero terminaban admirando la alfombra”.

Para agendar:

Colección Helft en W–galería (Defensa 1369), desde el sábado 21 a las 15 hasta el 13 de junio, con entrada gratis. El 31 de marzo a las 16 se presentará el libro Colección Helft, como parte de las acciones en homenaje a Jorge Helft a un año de su muerte. Y a principios de abril se inaugurará otro capítulo de la muestra en Viamonte 452, antigua sede del CAyC.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/una-vision-a-contracorriente-vuelve-a-su-hogar-la-coleccion-helft-un-tesoro-del-arte-argentino-nid19032026/

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