Las cábalas de Ancelotti en Brasil: del doble beso a la estampita del Padre Pío al “organizador de chicles” y otras manías
Mientras el árbitro italiano, Maurizio Mariani, ajusta su cronómetro y aguarda la hora exacta de dar inicio al partido entre Brasil y Japón, en Houston, Carlo Ancelotti ni lo tiene que pensar; e...
Mientras el árbitro italiano, Maurizio Mariani, ajusta su cronómetro y aguarda la hora exacta de dar inicio al partido entre Brasil y Japón, en Houston, Carlo Ancelotti ni lo tiene que pensar; es automático. Se lleva la mano al bolsillo de su impecable saco y, rápidamente, retira una estampa con un santo. La besa dos veces y, como si se tratase de un objeto prohibido, lo guarda rápidamente en el mismo lugar, en un movimiento casi imperceptible. El rostro impreso en el papel, ya gastado, es del Padre Pío de Pietrelcina, de quien el entrenador es devoto. “Nunca rezo por fútbol. Dios tiene cosas más importantes para atender. Lo nuestro es un juego y depende de nosotros. Creo en él, rezo todos los días, pero para otras cosas, no por resultados”, explicó el técnico al ser consultado acerca del ritual que mantiene hace décadas, mucho antes de llegar a Brasil.
Criado en Reggiolo, municipio del Norte de Italia, Ancelotti estudió en colegios salesianos. Fue en ese contexto cultural y religioso que desarrolló esa devoción por el Padre Pío, que también es muy venerado en la Argentina. “Me fascina la vida del Padre Pío. Realizó muchos milagros y su vida siempre me conmueve”, destacó Carletto. Ese ritual, el del doble beso a la estampa, no tiene nada de novedoso y forma parte de la vida diaria de Ancelotti desde que era futbolista; sin embargo, cobró mucha trascendencia entre los brasileños durante esta Copa del Mundo. No es casualidad, ya que el fútbol y la religión son pilares culturales del gigante sudamericano. Sin embargo, la lista de ritos que sigue a rajatabla el Míster no se detiene en el Padre Pío.
Poco antes de viajar a los Estados Unidos, para instalarse en The Ridge Hotel, en New Jersey, el búnker de la Canarinha durante el Mundial, Ancelotti brindó una entrevista al Jornal Nacional, de la TV Globo, donde dio una respuesta bastante bilardeana cuando fue cuestionado acerca de sus supersticiones. “Tengo muchas costumbres de ese tipo, pero no las puedo llamar de supersticiones. En Italia, ser supersticioso no está bien visto; dicen que trae mala suerte”, bromeó el exDT de Real Madrid. “No hay cábalas, son costumbres”, solía responder Carlos Salvador Bilardo, a modo de justificar sus reglas inquebrantables sobre números prohibidos (el 17), colores malditos (el verde) y otros comportamientos de ese tipo.
Tal vez sin la intensidad del Narigón, pero con la misma convicción, Ancelotti no deja nada librado al azar y se dispone a controlar hasta lo “incontrolable” para llevar a Brasil a lo más alto de esta Copa del Mundo. Relacionado a ello, otra de las actitudes que llamó la atención entre los torcedores es que su entrenador no suele repetirse en gestos exagerados ni en gritarle demasiado a sus jugadores y, hasta en los momentos de mayor tensión, como el gol sufrido ante Japón por los dieciseisavos de final, se resume a mascar chicles, un hábito que lo acompaña hace décadas y que tiene una explicación simple: el chicle reemplaza al cigarrillo - uno de los vicios que el italiano intenta abandonar- y lo ayuda a controlar la ansiedad.
Puede parecer una banalidad y no es el primer técnico que adhiere a una conducta similar para controlar los nervios. Muchos recordarán la época en que Marcelo Bielsa se entregaba a los chupetines. En el caso de Ancelotti, sin embargo, hay ciertas reglas con respecto a esta golosina. Dependiendo de la intensidad y duración del partido puede consumir hasta 12 unidades; su marca de cabecera es la estadounidense Big League Chew Bubble Gum. Sin embargo, también se lo vio consumiendo Mentos Pure Fresh, que es más fácil de conseguir en Brasil. “Yo fumaba mucho, inclusive en el banco. El chicle es lo que me ayuda a controlar eso”, le contó Carletto a Jorge Valdano en una entrevista para el programa Universo Valdano, de la cadena española Movistar +, cuando aún estaba a cargo de Real Madrid. “No sé cuántos suelo comer porque no los cuento, pero es el único momento de mi vida donde consumo chicles”, agregó el DT.
El ritual de calma que trajo consigo Ancelotti fue tomado muy en cuenta por la Confederación Brasileña de Fútbol, que hasta le adjudicó una persona encargada de “organizar los chicles” en la delegación. “Los que más le gustan son esos redonditos que vienen en un potecito de plástico. Hoy, organizar los chicles del técnico es una de mis funciones”, contó Serginho, masajista del plantel y responsable por esta tarea. “Se los tengo que dejar preparados, es parte de mi protocolo y lo tomo como una actividad muy seria. Él tiene que saber que, cuando llegue, el pote va a estar esperándolo”, agregó el profesional que está en su tercer Mundial y ya trabajó con Abel Ferreira, Vanderlei Luxemburgo y Luiz Felipe Scolari, entre otros técnicos.
De cara al duelo de octavos de final ante Noruega, Ancelotti puso a prueba a sus dirigidos en el complejo Columbia Park, bajo los extenuantes 38 grados de New Jersey, pensando, sobre todo, en quién será el sustituto de Lucas Paquetá, lesionado en la parte posterior del muslo izquierdo, y en cómo frenar a la gran amenaza del rival, Erling Haaland. Pese a sus preocupaciones y al intenso calor, el italiano tampoco deja ejecutar otro de sus rituales clásicos, el de tomarse un café espresso apenas pisa el centro de entrenamientos. Desde su llegada a Brasil, Carletto adhirió al café local, al cual elogió por su calidad, pero dejó en claro que consumirlo con leche después de las 11 de la mañana es casi un “crimen cultural” en Italia.
Desde que llegó a Río de Janeiro, e inclusive antes de su arribo a Brasil, Ancelotti se esforzó por integrarse rápidamente a la cultura brasileña. Para ello, se basó en tres pilares: el idioma, la gastronomía y el amor por la naturaleza. “Llegamos a hacer cuatro clases por semana, inclusive los sábados. Cuando hacíamos las sesiones de forma online, él siempre entraba uno o dos minutos antes. Su puntualidad me llamó la atención”, comentó Roberto Piantino, profesor de portugués de Carletto. “Carlo tiene cierta facilidad por su dominio del español, pero a veces mezcla las palabras. Su objetivo no era comunicarse con los jugadores, ya que esa parte la domina bien, sino con los trabajadores de la CBF y con las personas que se cruza en el día a día aquí en Brasil. Actualmente está muy fluido, aprendió mucho”, detalló Piantino.
Las caminatas tempraneras por las playas de Barra da Tijuca, donde tiene su departamento con vista al mar, se convirtieron en parte de su lista de rituales; siempre con la gorra de la CBF para atrás, como intentando camuflarse. También adoptó un restaurante como propio en Río de Janeiro. “Le gusta mucho la carne como la hacemos acá, sellada por fuera y apenas cocida por dentro. Pero lo que más pide es la polenta. Yo pensé que le gustaría más cremosa, pero cuando le dimos polenta frita se enloqueció, le encantó”, contó Marcio Dalloglio, gerente de la churrascaria Mocellin Steakhouse, uno de los lugares a los que suele ir con familia, colegas y amigos el DT italiano. “Parece un tipo duro, pero tiene un corazón gigante. Ya ama Brasil y dice que todo el mundo debería vivir, al menos una vez, nuestro carnaval”, agregó el gastronómico.
YA ES UNO MÁS... ¡Carletto Ancelotti cantó el himno de Brasil en Philadelphia!
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Más allá de esas conductas que apenas pueden percibir quienes conviven con el entrenador, otra de las actitudes que llamó la atención durante esta Copa del Mundo fue que el europeo parece un brasileño más cantando el himno nacional. “Esperá que yo te enseño”, le dijo Ancelotti a uno de los novatos cuando éste se entreveró al entonar las estrofas de la canción patria; sorprendiendo a todos, el italiano vocalizó sin errores, como un nativo. “En todas las convocatorias distribuimos un manual con normas internas, que en la contratapa tiene la letra del himno. El Míster leyó una parte, pero la otra la cantó de memoria”, contó Rodrigo Caetano, Director de Selecciones Masculinas de la CBF. “Conozco dos himnos: el italiano y, ahora, el de Brasil, que es difícil pero emocionante. Me gusta cantarlo porque, durante este período, soy, con mucho orgullo, parte del país”, expresó Carletto en conferencia de prensa tras la victoria ante Escocia, último duelo de la fase de grupos.
Cuando Brasil salga al campo para enfrentar a Noruega, Ancelotti repetirá la fórmula, amalgamando “costumbres” (no supersticiones) de las antiguas con otras que incorporó desde que está en Sudamérica. Cantará el himno a viva voz apenas suene en el MetLife Stadium, besará dos veces la estampita del Padre Pío y después, ya durante el partido, se encomendará a los chicles que Serginho le habrá preparado en el vestuario. Ninguno de esos rituales, está claro, le garantizará frenar a Haaland, Odegaard y compañía. Para ello, posee otras herramientas. Pero, en un Mundial donde la tecnología aparece como gran protagonista, esos detalles tan mundanos como profundamente arraigados parecen haber aproximado al DT con un pueblo que, tras varios años de pesimismo y un sinfín de frustraciones, de a poco vuelve a creer en el sueño del hexacampeonato mundial.