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La peluquera

Lola tenía una peluquería en Mar del Plata, su ciudad. Le iba muy bien, pero estaba harta de que le entraran ladrones. Cerró el local y empezó a atender a las clientas en sus casas. Su marido, ...

La peluquera

Lola tenía una peluquería en Mar del Plata, su ciudad. Le iba muy bien, pero estaba harta de que le entraran ladrones. Cerró el local y empezó a atender a las clientas en sus casas. Su marido, ...

Lola tenía una peluquería en Mar del Plata, su ciudad. Le iba muy bien, pero estaba harta de que le entraran ladrones. Cerró el local y empezó a atender a las clientas en sus casas. Su marido, técnico electrónico, se cansó de la inseguridad y un día le planteó irse a vivir a España. Su única hija, adolescente, abrazó la causa desde el primer minuto. Lola, no. Entendía las razones, pero en MdQ tenía todo: familia, amigos, trabajo, y amaba la ciudad. “Era mi mundo y por nada quería dejarlo”. Entró en crisis: durante tres meses padeció ataques de pánico y no podía salir a la calle. Poco a poco se fue (o la fueron) convenciendo. Por referencias, eligieron Valencia, que después de Madrid es el destino preferido por los argentinos que emigran a ese país. Hace dos años se instalaron en un pequeño pueblo a una hora de la ciudad. Su marido consiguió trabajo en lo suyo rápidamente. Ella también, con el mismo esquema de atención particular. Hasta que se le presentó una oportunidad y compró un fondo de comercio de una peluquería muy bien ubicada. Después se les unieron su madre y un hermano.

Hoy están felices. Una noche, Lola volvía a su casa y cayó en la cuenta de que no se había dado vuelta para ver si la seguían. “Ese día dije: ya está. Acá nos quedamos”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/la-peluquera-nid23032026/

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