John Malkovich en Buenos Aires: la obra que presentará, su mirada sobre el cine y el teatro y las lecturas de Ernesto Sabato
Poco menos de una hora le alcanzó en la mañana de este jueves a John Malkovich para exponer su mirada sobre el arte, recorrer buena parte de su notable trayectoria en el cine y el teatro y adelan...
Poco menos de una hora le alcanzó en la mañana de este jueves a John Malkovich para exponer su mirada sobre el arte, recorrer buena parte de su notable trayectoria en el cine y el teatro y adelantar el espectáculo que ofrecerá este viernes, a las 21, en el Teatro Opera.
Junto a un trío musical dirigido por la pianista Anastasya Terenkova, Malkovich está en Buenos Aires para presentar El infame Ramírez Hoffman, una puesta en la que se mezclan literatura, música en vivo y actuación basada en textos del escritor chileno Roberto Bolaño y con música de Astor Piazzolla y otros compositores clásicos y modernos (Vivaldi, Erik Satie, Alfred Schnittke, Alberto Iglesias, Elm Rosenfeld, entre otros).
En la víspera de esta actuación se produjo el primer encuentro entre Malkovich y el público porteño. Fue en el escenario del Teatro Presidente Alvear durante una charla abierta a la que asistieron unas 800 personas. El auditorio que siguió atentamente las palabras del actor estaba integrado por estudiantes de distintas disciplinas artísticas, representantes del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici) e invitados especiales.
Al iniciar el encuentro, Malkovich adelantó las claves del espectáculo que llega a la Argentina en medio de una extensa gira internacional. Describió al personaje central creado por Bolaño como un cadete de la Fuerza Aérea chilena en tiempos de la dictadura pinochetista convencido de que el arte funciona como una suerte de certificado de inmunidad para cometer atrocidades y quedar al margen de cualquier principio ético.
“Es una historia de ficción en la que se narra la vida de un joven militar que escribe poemas en el cielo, alguien obsesionado con la literatura y que, al mismo tiempo, ejerció una influencia muy fuerte durante el régimen de Pinochet”, señaló luego de ser presentado por el director del Bafici, Javier Porta Fouz, como “uno de los pocos actores del mundo cuyo nombre aparece en el título de una película”.
Porta Fouz también dijo que Malkovich representa como ninguna otra figura “el pasado, el presente y el futuro de la actuación” destacando sus trabajos previos y también la película experimental dirigida por Robert Rodriguez que lo tiene como protagonista y permanecerá guardada en una caja fuerte con cristal antibalas hasta el momento de su estreno, anunciado para el 18 de noviembre de 2115. Se trata de un corto experimental producido por la destilería francesa Rémy Martín para promocionar su marca más famosa, el coñac Louis XIII, que tarda 100 años en hacerse.
La personalidad actoral que distingue a Malkovich surgió intacta a lo largo de la charla con Porta Fouz a través de silencios elocuentes, palabras cuidadosamente pensadas antes de enunciarse y algunas pinceladas de un delicioso e irónico humor que ya le es característico. “Tengo 72 años, dos nietas pequeñas y un variado conjunto de reflexiones que ahora tengo en cuenta cuando acepto un trabajo. Me encanta hacer esta pieza porque me resulta ligeramente insoportable y porque quería saber lo que era interpretar a este personaje en países que comparten esta historia particular, Chile, la Argentina y Brasil. Aprenderé mucho sobre ella en estos días”, expresó.
También habló de Ernesto Sabato, otro escritor argentino que inspiró más de un proyecto suyo en el pasado. Ese recuerdo empezó con una carta que le escribió una mujer que se encontraba preparando su tesis doctoral y le pidió a Malkovich que se sumara a ella porque tenía que ver con una película que lo tuvo como protagonista.
“Luego ella me sugirió que leyera Sobre héroes y tumbas. Me lo envió, lo leí y me encantó al punto que decidí que lo adaptaría para una película. Todo estaba bastante avanzado cuando perdí esa copia junto a todas mis notas y escritos en un avión, en un tren o algún otro lugar. Pasaron los años y una pianista me preguntó qué texto sumaría al Concierto para piano y cuerdas de Schnittke que tenía intención de tocar. Después de escuchar cientos de veces esa obra le dije que lo haría con Informe sobre ciegos, que es la sección central de Sobre héroes y tumbas. Y así ocurrió. Encajaba perfectamente con ese concierto”, detalló.
Malkovich tuvo en 2007 su primer acercamiento al tipo de espectáculo que ahora trae a Buenos Aires. Fue cuando el director de una orquesta vienesa barroca, la Wiener Academie, le preguntó si estaba dispuesto a sumarse con una creación suya al repertorio musical de la agrupación. De esos encuentros surgió una obra inspirada en la vida del austríaco Jack Unterweger, condenado a cadena perpetua cuando era joven por el asesinato de una adolescente. En la cárcel primero aprendió a leer y escribir y luego se convirtió en un escritor consagrado, hasta que volvió a prisión al comprobarse que seguía matando.
“Unterweger se hizo muy famoso en Austria como ejemplo de la rehabilitación de las personas presas. Recibió el indulto completo del gobierno austríaco, se hizo famoso y publicó cuentos y novelas. Pero mientras hacía giras y presentaciones se descubrió que había sido el autor de varios asesinatos en serie de prostitutas en los bosques de Viena. A principios de la década del 90 hicimos una especie de ópera leída sobre un libro falso que se refería a este tema y así empezó un tipo de trabajo que me llevó con los años a colaborar con Philip Glass, Alberto Iglesias (el compositor de todas las películas de Pedro Almodóvar) y Anastasya Terenkova. Me gusta este tipo de obras porque las encuentro interesantes y porque nadie más hace algo parecido. Hoy es una parte de mi vida probablemente más grande que el teatro”, describió.
¿Y el cine? Malkovich hizo su primera película a los 29 años y en 2002 dirigió su único largometraje hasta el momento, The Dancer Upstairs (estrenada en la Argentina como Sendero de sangre), con Javier Bardem y Juan Diego Botto (nacido en Buenos Aires y de reconocida labor en el cine español). ¿Está en sus planes dirigir otro largometraje o prefiere hacerlo en el teatro?, preguntó Porta Fouz. “No es cuestión de preferir, tengo 72 años –respondió el actor-. Pensé que The Dancer Upstairs era una película bonita, simple y fácil de hacer, pero me llevó ocho años. Una película debería llevar quizás 8 días u 8 semanas…”, fue su respuesta.
Esta última frase, muy festejada por el auditorio, lo llevó a contar una anécdota de aquel tiempo, cuando estaba preparando The Dancer Upstairs en su casa (vivía por entonces en una zona rural del sur de Francia) junto al autor Nicholas Shakespeare. En ese momento le llegó por courier el guión de Con Air-Riesgo en el aire, exitosa superproducción hollywoodense de 1997 que terminó protagonizando junto a Nicolas Cage y John Cusack.
“Abrí el sobre y miré la primera página. El guión hablaba de ‘convictos en un avión’. Miré el elenco de personajes y todos tenían nombres de poetas románticos del siglo XIX. Pensé que estaba bien y lo arrojé lejos, en el extremo de la cocina. Nicholas Shakespeare, que es un novelista inglés, nunca había leído un guión. Me preguntó si podía leerlo y le dije que sí. Se lo llevó a la habitación, lo leyó durante una noche y a la mañana siguiente me dijo: ‘Esto es terrible, me alegra tanto trabajar con alguien que no es incorruptible y jamás soñaría con hacer una película como esta’. Siguió unos 5 minutos más hasta que le dije: ‘Nicholas, por supuesto voy a hacerla, es una película de 500 millones, fácil. Es Jerry Bruckhaimer, es Nicolas Cage. No necesito leer el guión, ya lo sabes’”, explicó casi a la manera de un monólogo.
Malkovich aprovechó ese momento para enunciar lo que piensa del cine: “Es un negocio y así es como me gano la vida. Algunas películas están hechas por verdaderos artistas y no ganan dinero, en cambio otras ganan mucho. Pero hacer Con Air fue exactamente igual a trabajar con Raúl Ruiz, Michelangelo Antonioni o Manoel de Oliveira. Mi obra favorita es Peter Pan, ¿a quién le importa lo que yo diga? El trabajo es el trabajo y yo tuve la suerte de hacerlo con directores increíbles. He filmado guiones donde el director dice: ‘No digas nada de todo lo que está escrito. Invéntalo’”.
En otro tramo reconoció, entre sonriente y sorprendido, que sigue siendo un gran misterio para él por qué suele ser convocado para interpretar en el cine al villano de turno. “Pienso en ese tipo de personajes no como villanos sino como personas que tienen una cierta visión del mundo. Hoy no suelen hacerse muchas obras o películas sobre gente amable. La única que se me ocurre es ¡Qué bello es vivir! y eso fue hace 80 años".
También se hizo habitual, como le recordó Porta Fouz, verlo en la pantalla personificando a directores de cine. “Debe ser –contestó- porque dirijo mucho, casi siempre para el teatro. Podría ser por eso o porque en algún momento temprano de mi carrera me confundieron con un intelectual. ¿Hay directores de cine villanos? No conozco a ninguno, aunque tuve tres o cuatro con problemas de control tan grandes que deberían recibir ayuda psicológica o neurológica. Quizás gran parte del trabajo de un director es ser un poco vampírico. Estás tomando la sangre de alguien y transfundiéndola en otra cosa. En el fondo siento un poco de lástima por ellos porque dirigir es un trabajo terrible de verdad, hay mucha presión. Trato siempre de ser comprensivo con ellos porque como actor me corresponde entender que soy una figura en el sueño de otra figura. Ese sueño no es mío, es de otra persona, y estoy allí para descubrir qué papel tengo en ese sueño y cómo debo interpretarlo”.
Entre las películas que Malkovich mejor recuerda está la que lleva su propio nombre en el título, ¿Quieres ser John Malkovich? “Mostró a dos talentos fantásticos como Charlie Kaufman y Spike Jonze -justificó-. Los dos tienen una verdadera voz cinematográfica y además me caen muy bien. Me gustó mucho hacer Relaciones peligrosas con Stephen Frears y también El ogro con un gran amigo como Volker Schlöndorff. En la línea de fuego, de Wolfgang Petersen, es una buena película de ese género”.
También tuvo palabras muy elogiosas hacia el director portugués Manoel de Oliveira, activo hasta su muerte a los 106 años, con quien hizo tres películas, y su colega chileno Raúl Ruiz. Definió a este último como “la persona más culta y preparada que he conocido, un intelectual auténtico en el sentido más amplio de la palabra, una persona brillante y divertida, un alma curiosa, un ser humano hermoso”.
“Soy un actor instintivo, no intelectual”. Así se autodefinió Malkovich cuando desde el público le preguntaron sobre las diferencias que observa entre el cine y el teatro: “El cine es plástico, seleccionado, manipulado. El teatro es instintivo, efímero, orgánico. Uno es para siempre y el otro solo para el hoy, para el ahora. En el teatro hay que estar siempre allí. En cambio una película puede verse en cualquier momento. El ciudadano será igual en 1941 y en 2070. Es inmutable. El teatro cambia cada noche”.
En el cierre del encuentro, al responder otra pregunta del público, Malkovich volvió a hablar de su atracción por la música y la historia de Buenos Aires, que empezó a descubrir a través de la lectura de Sobre héroes y tumbas. “Pero también estoy aquí por la propia historia reciente de la Argentina –destacó-. En The Dancer Upstairs, el joven actor que interpreta al compañero de Javier Bardem es Juan Diego Botto, cuyo padre argentino fue un día a un ensayo y nunca más apareció. Creo que es importante recordar a partir de ese hecho lo que significa ser humano y cuán preciado es ese regalo”, definió.
Sobre el final, y cuando desde el auditorio le preguntaron sobre la importancia del arte en un tiempo marcado por los conflictos y las guerras en el mundo, respondió con una famosa cita del escritor William Faulkner, extraída de El sonido y la furia: “Ninguna batalla se gana jamás, ni siquiera se libra. El campo de batalla solo revela al hombre su propia locura y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos y necios”.
En la apertura del encuentro, Malkovich recibió del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y la ministra de Cultura, Gabriela Ricardes, el reconocimiento como huésped de honor de la ciudad de Buenos Aires.