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Es argentino y abrió en Florida un museo único con 23.500 autos a escala: “El coleccionismo es nostalgia, recuerdos”

MIAMI.- En una vitrina tiene expuesto su primer modelo en escala 1/43, con su cajita de cartón como nueva, un Jaguar tipo “D” que recibió de regalo cuando tenía 6 años. Desde entonces, el ...

Es argentino y abrió en Florida un museo único con 23.500 autos a escala: “El coleccionismo es nostalgia, recuerdos”

MIAMI.- En una vitrina tiene expuesto su primer modelo en escala 1/43, con su cajita de cartón como nueva, un Jaguar tipo “D” que recibió de regalo cuando tenía 6 años. Desde entonces, el ...

MIAMI.- En una vitrina tiene expuesto su primer modelo en escala 1/43, con su cajita de cartón como nueva, un Jaguar tipo “D” que recibió de regalo cuando tenía 6 años. Desde entonces, el argentino Sergio Goldvarg empezó este hobby de coleccionar réplicas de autos, que continúa al día de hoy, seis décadas después. Los tuvo expuestos por años en su living, pero nunca tenía lugar suficiente para mostrarlos a todos. Es así que, cuando se mudó, construyó un gigantesco galpón detrás de su casa en Florida, EE.UU., donde erigió un museo con piezas únicas en el mundo.

Dónde queda el museo de autos a escala del argentino Goldvarg

El museo se encuentra en Weston, la ciudad del condado de Broward que está distante a media hora de Miami. Solo se puede acceder con reserva a través del sitio Goldvarg Collection Museum. “La visita tiene que ser guiada porque tiene mucho de historia. La mayoría de la gente que viene son argentinos que viajan porque hay mucha vinculación con su pasado”, dice su creador a LA NACION. La entrada cuesta US$100.

En dos ocasiones, el arquitecto argentino obtuvo el premio Guinness en escala 1/43 y “la colección más larga” de autos a escala.

—¿Qué cantidad de autos hay expuestos?

-Son más de 23.500. La mayoría en escala 1/43 y 1/18, y otros en 1/12, que son los más raros. Todo es historia, porque desde la creación del auto, es parte de la historia de la humanidad.

—¿Seguís compitiendo por el Guinness?

—Nos fuimos disputando con un amigo mío, Michael Zarnock. Él colecciona Hot Wheels, los chiquititos de juguete. Nos veíamos y nos reíamos: ‘Te gané, te gané’. Lo cierto es que lo del libro Guinness fue de casualidad. Si fuera por tener cantidad, podría tener todo Hot Wheels en lugar de lo que invertí acá, y tener tres millones de autitos.

—¿Cuánto cuesta uno de estos versus un Hot Wheels?

— El Hot Wheels cuesta de tres a cuatro dólares. Acá tenés autos de US$3000, US$4000. El promedio es de US$150 cada uno, más o menos.

—Tenés todos los colectivos con la tipografía fileteada porteña y cada uno con su boleto…

—Estos colectivos los tomé de chico. Tienen una historia conmigo. Y con el boleto también, eran míos que fui guardando; muchos son capicúas. Tengo hasta el 60 con el piso superbajo, el último que hubo.

—¿Hay fábricas de autos que hagan colectivos?

—No, a estos los hicieron artesanos. Hay una sola fábrica que hizo un colectivo, uno de Portugal. Todos los demás están hechos por artesanos.

—¿Qué me podés contar sobre los autos que tenés?

—Tengo los que corrió Fangio. Es una fábrica alemana, con mucho detalle; si le sacás una foto al motor y los cables y amplías la foto, no sabes si es el auto de verdad. Además, se le saca la carrocería y tienen toda la estructura tubular, todo detallado. Nada de esto está hecho en forma masiva; son todas artesanías.

—¿Y qué precio tiene un auto de estos?

—Por ejemplo, el que debutó Reutemann en Ferrari, en el Gran Premio de Italia del año 76, está en US$3000. Pero no es una cuestión de precio. Es valorar la miniatura. Y además encontrarlo. Eso se hizo en una edición muy limitada y es muy difícil encontrarlo, por eso el precio.

—¿Y cuando buscás un auto en particular, contactás a una fábrica que te lo haga para vos o ahí siempre lo hace un artesano?

—Son artesanos. Estas fábricas no hacen de a uno.

Autos presidenciales y la fuerte conexión con la historia argentina

Goldvarg camina entre las vitrinas y explica de qué trata cada una. “Acá está la historia del Turismo Carretera, son todos hechos por dos artesanos. Y acá el Sport Prototipo, que se corrió en Argentina entre 1969 y 1973, una categoría de avanzada para la época. También son piezas únicas”, dice mientras recorre el lugar.

En todo el museo hay mucha conexión con la historia argentina. “Lo primero que hice al terminar el museo fue colgar la bandera celeste y blanca del techo”, agrega. Están los móviles de exteriores de ATC (el primero de Latinoamérica), de Canal 13, los camiones de Havanna, Bagley, el sodero de Ivess y hasta el Menemóvil.

Otra sección es de autos presidenciales: está el de Trump, el de Biden, Kennedy, Putin, la reina de Inglaterra, entre otros; hay una sección de fúnebres tapizados en su interior con pana; la evolución de los papamóviles; o los eléctricos actuales como el Tesla y su Cybertruck. Y hasta famosos como el Rolls-Royce de John Lennon, que mandó a pintar con estilo psicodélico, con base de amarillo y motivos florales y arabescos.

La lista es interminable, pero mucho más enriquecedora cuando Goldvarg envuelve a cada coleccionable con su historia.

No solo los colecciona: también fabrica su propia línea de autos

El empresario también fabrica su propia línea, de manera que sus autos enriquecen su colección. El negocio surgió en base a sus propias frustraciones: había autos que quería atesorar, pero no existían en el mercado, por lo que decidió comenzar su propia marca, The Goldvarg Collection.

Así, lanzó en 1988 la primera fábrica de automóviles de metal blanco en América del Sur. Tuvo que crear toda la maquinaria necesaria para el proceso de fabricación, ya que no había experiencia disponible. Diseñó la que fundía el metal, la de centrifugado, determinó las proporciones adecuadas, la temperatura de fundición y hasta la pintura bicapa, como un auto real. “No son juguetes, son joyas con forma de auto”, afirma. Hay que trabajar con lupa.

Hoy los fabrica en China. “Me encantaría tener a mi gente acá, pero es prohibitivo”, lamenta. The Goldvarg Collection está fabricando autos americanos entre los años 1950 y 70 en escala 1/43.

—¿La clientela nunca se acaba?

—El público no se acaba nunca, porque si bien es una franja de años estancada, no es siempre la misma. Yo en el año 88 fabricaba autos de los años 50. En los años 90 empecé a fabricar del 60, porque se van agregando coleccionistas que quieren un auto de cuando ellos eran chicos. Entonces una persona de hoy busca un auto de los 70, no de los 50, porque no le representa nada. El coleccionismo es nostalgia, recuerdos. Generalmente, uno trata de conseguir lo que vio en la calle cuando era chico.

—¿Cómo obtenés los moldes de los autos para fabricarlos?

—Es todo un proceso muy largo. Lleva como siete u ocho meses. Primero tengo que ubicar el auto que quiero replicar; tiene que ser uno que nadie haya fabricado en escala. Yo, como coleccionista, sé lo que hace falta. Y si no lo tengo en mi colección es porque no está. Por lo menos en escala 1/43. Trato de localizarlo, busco un coleccionista que lo tenga. Viajo y saco fotos, lo mido y después empiezo a hacer los dibujos, los planos. Como soy arquitecto, los hago yo mismo; es la parte que me divierte. Junto mis dos pasiones, arquitectura y automovilismo. Tienes que tener los permisos, las licencias de la marca y pagar regalía. Yo tengo un contrato firmado, por ejemplo, con Chrysler que se renueva cada tres años.

—¿Ese auto que fabricás, lo volvés a hacer unos años más adelante?

—No. Yo hago 400 de un modelo; generalmente ya están todos prevendidos, y después no se vuelven a hacer.

—¿Y te quedas con uno o con más?

—Me quedo con el 001 y 002, porque están numerados. Esos son para mi colección.

—¿Seguís sumando autos a tu colección?

—Sí, esto no termina nunca.

Otras joyas del museo de Goldvarg en Florida

Además de autos en miniatura, el museo tiene otras joyas reales. Un BMW Isetta, característico por su puerta que abre por el frente, o un Mini Cooper original de 1964, entre otros. Goldvarg tiene la historia de cada uno y el motivo que lo llevó a adquirirlo.

Pero el que más llama la atención es uno negro, con rebordes rojos y una sirena arriba de los asientos. ¡Relámpagos! Es el Batimóvil original (uno de los cinco que se fabricaron para la serie), otra de las pasiones de Goldvarg que lo acompaña desde su infancia.

Después de buscarlo durante 11 años, el empresario lo adquirió en 1995 en Estados Unidos. Lo restauró, lo trasladó a la Argentina (el único que fue patentado fuera de ese país) y, cuando la familia se mudó a Estados Unidos, con ellos viajó el Batimóvil.

Sin embargo, no es el único rastro de Batman por el museo. El visitante puede usar los Batitubos para bajar del primer piso a la planta baja, y también encender el proyector con la Batiseñal si está en apuros.

— Tenés muchos objetos firmados por actores de Hollywood y corredores que han venido a tu museo…

—Sí, sí, sí, vinieron muchos pilotos y me firmaron los autos con los que corrieron.

—Te falta el de Franco Colapinto.

—¡Lo estoy esperando para que me firme los autos!

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/florida/es-argentino-y-abrio-en-florida-un-museo-unico-con-23500-autos-a-escala-el-coleccionismo-es-nid08052026/

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