Así amaneció Italia después de una nueva noche negra que la dejó sin Mundial
ROMA.- Después de una noche negra -difícil dormir tras ...
ROMA.- Después de una noche negra -difícil dormir tras la humillante derrota ante Bosnia que significó quedarse sin Mundial por tercera vez-, Italia amaneció este miércoles sumergida en un clima de luto. Con la sensación de estar en una pesadilla infinita de la que es imposible despertar y un combo de emociones fuertes: rabia, indignación, decepción, angustia.
“Fracaso técnico y dirigencial”; “Italia en el infierno”; “el calcio italiano debe ser refundado”; “vergüenza nacional”; “abismo”; “todos a casa”, eran los titulares catástrofe de los diarios, que se autoflagelaban por una derrota que muchos se vieron venir. En bares y cafés, radios y programas de televisión no se hablaba de otra cosa que del “desastre mundial”. Del “orgullo perdido” de los Azzurri, reflejo de una crisis infinita, el “espejo del peor país”. Y se iban levantando voces que reclamaban la renuncia de los responsables del abismo, de estos veinte años de desilusiones.
“El drama es que no es más un drama, es una costumbre. Somos esto, somos poco más que nada y siamo fuori”, lamentó Maurizio Crosetti en La Repubblica, al pintar el cuadro de una Italia casi anestesiada ante un fracaso continuo e inexorable.
“El tercer apocalipsis es terrible porque ya hay dos sobre las espaldas. Ha perdido la sensación de shock, de la catástrofe imprevisible. Se está volviendo normalidad. Por tercera vez consecutiva no vamos a participar en un Mundial de fútbol. Volveremos a hablar en 2030, cuando habrán pasado 16 años de la última participación. Por primera vez tendremos chicos que se volverán mayores de edad sin haber jamás visto a Italia en una Copa del Mundo”, le hizo eco Luigi Garlando en La Gazzetta dello Sport.
Más allá de los comentarios de los expertos, era hablando con los más jóvenes, que se palpaba el drama. “Ahora no creo que haya palabras, pensamientos ni análisis que hacer, solo mucha tristeza y rabia, porque ver a tu selección nacional quedar eliminada del Mundial tres veces seguidas es algo que, sinceramente, trasciende el deporte, porque te arrebata un momento de alegría, unidad y diversión con tus amigos, un momento que no se repite desde 2014”, dijo a LA NACION Emanuele Crisalli, estudiante de Ciencias Políticas romano de veinte años, devastado por esta enésima eliminación. “No creo tener las herramientas para decir qué habría que hacer o qué no hacer con la selección, pero lo único que pido es un poco de respeto para una generación que casi no ha visto a su selección nacional en el Mundial. Hoy oigo hablar de tácticas, entrenadores, jugadoras, emoción, garra, deseo y no hay nada de eso. Porque si veo a las selecciones que nos han vencido en los últimos años, Macedonia del Norte, Suecia y ahora Bosnia, son equipos objetivamente inferiores, pero que, con rabia, garra, deseo y tenacidad, nos derrotaron y, añadiría, nos humillaron”, apuntó. “A menudo, cuando hablo con mi padre, me quedo fascinado con sus historias sobre la Italia del 82 e incluso la del 2006, y me pregunto: ¿cuándo podré contar yo también algo propio, algo que viví en primera persona?”, se preguntó.
Habló con la misma profunda amargura Gabriele Brandizzi, romano de la misma edad, estudiante de Economía, que dijo que después de lo de anoche, en verdad, se consideraba “afortunado”, porque al menos pude saborear “aunque sea brevemente” el Mundial de 2014 cuando ni siquiera tenía diez años. “Pero hay generaciones enteras que esta emoción nunca la vivieron realmente y duele ahora y dolerá durante mucho tiempo… Y no se trata solo de fútbol. Es un sentimiento que debería habernos unido y hecho sentirnos todos del mismo lado. Porque el deporte también debería ser una forma de amar a este país, que está cada vez más dividido”, planteó. “Y en cambio, cada vez, el amor por este país parece desvanecerse, incluso por derrotas como esta. Porque no se trata solo del resultado en sí, sino de todo lo que conlleva: entusiasmo y, sobre todo, un sentimiento de pertenencia. Un sentimiento de pertenencia que, en un país tan frágil como el nuestro, se necesita más que nunca ahora mismo”, graficó.
Coincidió Giacomo Palma, también estudiante de Economía y de la misma edad, romano y como casi todo joven italiano, jugador de fútbol amateur. “Tengo pocos recuerdos de un Mundial y esto me duele porque creo que es la competición más fascinante de todas, es un momento de unidad, un momento de celebración incluso si no lo ganás… Por eso estoy muy amargado y enojado especialmente ante un sistema de fútbol italiano que parece totalmente fuera de control. Los jugadores no asumen sus responsabilidades, no parecen preparados, ni siquiera pueden manejar la presión de estos partidos y estoy muy decepcionado”, reconoció.
Federico Fantini, consultor de negocios de Milán, de sesenta años, es decir, de otra generación, tampoco ocultó su frustración. “Edoardo, mi hijo de 23 años, nunca vio a su selección en un Mundial y en la próxima chance va a tener 27 años… Para mi generación la presencia de Italia en el Mundial era como tomar un café en el bar: se daba por hecho que estaría allí”, comentó, en diálogo telefónico con LA NACION.
Fantini subrayó que el fútbol italiano lleva mucho tiempo en crisis, resultado de una clase dirigente incompetente e inadecuada, “años luz por detrás de la rápida evolución del fenómeno deportivo”. “Somos un país sin estadios, sin gimnasios en las escuelas, falto de visión, que confunde gastos con inversiones y que no cree en los jóvenes. Y esto se refleja en el fútbol, que solía ser nuestra religión laica. En los últimos 20 años, solo un equipo italiano ha ganado la Champions League. Los clubes están llenos de extranjeros sin valor, no se da espacio a los jóvenes y la lógica se rige por la especulación y los intereses de los agentes”, disparó. “En un país donde nadie renuncia ni asume responsabilidades, el fútbol es la prueba de fuego perfecta. Un gran fenómeno social colectivo en manos de gente en la que ni siquiera confiarías para gestionar una tienda de barrio”, denunció.
Fantini aseguró que no, que no está incazzato (enojado) como la gran mayoría de los italianos. “Más allá de la vergüenza y la rabia por haber vuelto a hacer el ridículo contra Bosnia, que tiene una población menor que la ciudad de Roma y un PBI de 30.000 millones frente al nuestro de 2.500 millones, prevalece la esperanza de que este desastre sirva para hacer limpieza y renovar el movimiento, para permitir que mi hijo vea a la selección italiana en el Mundial por primera vez, en vísperas de cumplir sus 30 años”, concluyó.